El sendero desaparece bajo mis pies a cada paso que doy

Malas hierbas aparecen mientras me alejo del lugar que tanto adoré

A mi espalda, ciento cuatro recuerdos que quedan para siempre en mis párpados,

repartidos en besos, caricias, promesas falsas y palabras malsonantes

Ante mí, nuevas desdichas que irán llegando con el paso del tiempo

y que, sin duda, me harán más fuerte y desgraciado, más torpe y experto

 

Fuera de mi vida quedan ya los deseos de prosperar y madurar,

pues quienes consiguieron tal tesoro, jadean orgullosos de su cansancio,

el peso de obligaciones infundidas les impide abrir sus alas y volar,

carecen sin saberlo de sentimientos que antaño catalogaron de necesarios

y olvidan, con el traicionero silbido del viento del dinero, el verbo soñar

 

Lejos quedan aquellas locuras por las que nadie se sentía ofendido

y que para llevarlas a cabo no teníamos siquiera que pedir permiso

Ahora, en este reino que hoy abandono, todo debe tener una razón,

cada acción una reacción y cada suspiro un porqué

Nada cumple un objetivo sin antes crearse varios enemigos

 

Así que me voy, y, sinceramente, no pienso regresar

No me apena abandonar un mundo en el que lo verdaderamente importante

es aquello con valor monetario y en el que se castiga constantemente a quien osa soñar

 

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