Hubo un tiempo en el que mi corazón parecía romperse

con cada una de tus caricias, con cada uno de tus imposibles,

con ese amor que me ofrecías y yo no pude aceptar

Hubo un tiempo en el que dos mundos ajenos y diferentes

pudieron fusionarse en el silencio de una ternura inocente

y en el frío de una interminable noche de luna llena

con el sabor amargo de un lánguido aullido rebosante de penas

 

Pero como de costumbre las palabras de un ignorante fatuo

que a si mismo se auto proclamó sabio intocable,

de un reino en el que solo abundaban pereza mental

y sentimientos reales ahogados en apariencias ofensoras,

hizo acto de presencia en un momento que no era el suyo,

alzó orgulloso de la envidia que cegaba sus sentidos dos dagas calumniadoras

y separó aquello que solo un cariño sincero podía construir

y haría peligrar su hegemonía sin la cual en paz no querría vivir

 

Lustros de sordera penitente sufrieron los que a mí se acercaron

en busca de una explicación simple a tal hecatombe

El suelo ardía bajo unos pies castigados en caminatas tristes

por caminos de fina madera negra plagada de astillas del pasado

Crisálidas de promesas eternas murieron sin razón alguna,

mientras el rencor se hacía dueño de nuestros irrelevantes pecados

 

Hubo un tiempo en el que mi corazón se volvió de piedra,

tembló sinuosamente y sin testigos se partió en dos

Jamás dolió tanto una herida sin sangre, imposible de cicatrizar

Jamás lloraron tanto unos ojos dispuestos a perdonar

Jamás conseguí volver a llamarte, pues supe que nunca me podrías olvidar

 

Una leyenda viva expiró en el momento en el que te fuiste

Mientras el tren te alejaba de mí, estiré la mano izquierda hacia ti,

el calor de tu mirada quedó sellada para siempre en ella

Después alcé mi mano derecha con el puño cerrado y con voz entrecortada maldije a quien nos separó

Y entonces, la tormenta que gentilmente humedecía mi tembloroso cuerpo,

me bendijo con un rayo que quemó mis nudillos y mi alma desgarró

 

Ahora, después de tantos años de aquello, no puedo evitar recordarte cada día

Puedo dormir, pero las pesadillas que me acompañan no me dejan descansar

La soledad y mis vicios son mi única compañía

Desconsuelo y frustración son mi nuevo hogar

Escarcha en las yemas de mis dedos y la sensibilidad nula en la totalidad de mi piel,

me advierten de ese antiguo peligro que me desea y es inminente

Ya todo carece de importancia, ahora sé que puede llover eternamente

 

 

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