Hubo un tiempo en el que mi corazón era capaz de latir con tu voz;

un tiempo en el que las sensaciones eran más importantes que los pensamientos,

en el que no existían los porqués, no existían las preguntas, las razones,

un tiempo en el que nuestras sonrisas hablaban en el más absoluto de los silencios,

un tiempo en el que la noche era el momento de paladear los besos y sus mil sabores

 

Hubo un tiempo en el que los relojes eran meros adornos dulcemente enmudecidos,

un tiempo en el que no me molestaba escuchar tus apasionantes vivencias,

en el que mis oídos y mi alma creían todo lo que de tus labios podía salir,

un tiempo en el que nada, excepto tú, merecía mi cariño y mi total atención,

un tiempo en el que no sabía que esa sensación de soledad que me ahogaba provenía de ti

 

Hubo un tiempo en el que me esforcé por comprenderte y quise estar contigo por siempre,

un tiempo en el que la luna me mostraba tu verdadera cara, que yo no quise ver,

un tiempo en el que tu melena azabache y tus pupilas marinas llegaron a cegarme,

un tiempo en el que casi me perdí por un estúpido sentimiento del que jamás volveré a saber

 

Hubo un tiempo en el que mi corazón dejó de latir por tu bífida y sucia voz,

un tiempo en el que los sufrimientos demostraron la realidad de los pensamientos acallados,

un tiempo en el que llegaron los porques, las respuestas y las dudas considerables,

un tiempo en el que tus lágrimas gritaron por un imposible perdón,

un tiempo en el que la noche abrió mis ojos y de mi tristeza señaló a la culpable

 

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