Gonzalo Mira Soledad

hassai@hotmail.com

24 de Junio de 1976

Astrabudua. Bizkaia.

Actualmente reside en Madrid.

Autor de: Miércoles (relato corto incluido en el libro Sesenta relatos, sesenta autores. Ediciones Beta. Año 2002)

Viernes (relato corto incluido en el libro Patrisita y otros relatos. Ediciones Beta. Año 2005 )

Noviembre. (Ediciones Letraclara. Año 2013)

Ayer. (Ediciones Letraclara. Año 2016)

Biografía:

Cabezota para muchos, voluble en contadas ocasiones para otros, orgulloso de sus raíces, Morrisonico y Bunburiano, ejemplo personalizado del Síndrome de Peter Pan, encallado cómodamente en sus adorados años 80 y, sobre todo y ante todo… MANIÁTICO.

Pero, de entre los mil y un modos y formas de definir a este escritor oriundo de su adorada Bizkaia, todos los que le conocemos (hasta donde él nos ha permitido), coincidimos en que la palabra que mejor le define es melómano; un adicto a la música a niveles insospechados, desmedidos, e, incluso, a veces, enfermizos, algo que Gonzalo admite y reconoce sin ningún problema con una sonrisa en la cara.

Nacido en el Hospital de Cruces y criado y crecido en su añorado a diario, (desde su llegada a Madrid), barrio de Astrabudua, pasó su infancia entre tebeos, libros cuidadosamente seleccionados y canciones de grupos emergentes en aquella época que ahora o no existen o poco les queda, pero que él continúa escuchando, manteniéndolos en su día a día, como luchando para que los tiempos ya vividos permanezcan sin perderse en vanos recuerdos.

Un tipo de gran memoria “Sobre todo para aquello que a los demás no les parece que tenga ninguna utilidad”, según él mismo apostilla, capaz de traerte desde el ayer aquella anécdota que vivisteis juntos y para ti a desaparecido; capaz de rememorártela con la misma intensidad con la que ocurrió en su momento y plasmándola con tal lujo de detalles que vuelve a tu presente como si hubiese pasado una semana antes.

Y ese es su gran potencial; esa sorprendente cualidad a la hora de escribir y transmitir mediante palabras que llamó siempre la atención de sus profesores de lengua, también coincidentes en su incapacidad a la hora de conseguir que asimilase enseñanzas como objetos directos, declinaciones de tiempos verbales, etc…

Antes de terminar los estudios y dar el paso al terreno laboral de modo definitivo, una mañana de primavera, una de sus compañeras de clase se acercó con su walkman y le invitó a escuchar un grupo al que no había prestado atención jamás.

Desde aquellos auriculares comprados, seguramente, en algún hoy mítico “Todo a 100”, llegó la hipnótica voz de Jim Morrison.

El sonido de aquella banda, completamente diferente a lo que había tenido a mano hasta entonces, le enganchó al instante y como era de esperar, y dada la manera de sentir que tiene, Gonzalo no se detuvo en aquella canción; buscó con los medios que tuvo a su alcance todo lo que pudo sobre The Doors, hasta conseguir los poemas y relatos cortos del Rey Lagarto.

El método desordenado de su, desde entonces hasta ahora, ídolo, dio alas a un técnica de escribir en la que comenzó a sentirse realmente a gusto, dejando a un lado notas musicales que la pobre destreza de sus manos no conseguía interpretar con las seis cuerdas.

Aparcó su idea de intentar componer canciones y dejó libre su imaginación, su inspiración y su, curioso y a veces incomprendido, estilo de ver la vida.

Plasmó durante años pensamientos, poesías, relatos, llenando aquellos cuadernos que tan sólo podían leer los elegidos que él mismo designaba, ocultando al resto esa forma de desahogo que, seguramente, no entenderían.

Con el paso del tiempo, en secreto, comenzó a enviar algunos de aquellos escritos por correo postal a diferentes editoriales, con la ilusión de poder ver publicadas sus pequeñas obras; cuando recibía respuesta, siempre era negativa, pero no se rindió.

Ediciones Beta le remitió una carta, animándole a presentarse a un concurso con un relato corto que, en caso de ser seleccionado por el jurado, formaría parte de un volumen titulado “60 relatos, 60 autores”.

Como era de esperar en Gonzalo, sin tener nada que perder, comenzó a darle vueltas y vueltas a este tema hasta decidirse a hacerlo, descubriendo en ese momento que tan sólo le quedaba un día para poder presentar su escrito.

Unas horas en la playa de Bakio, casi vacía entonces por el clima y las horas, hicieron que las musas acudieran y le ayudaran a crear esa noche “Miércoles”, que se entregó in extremis por correo urgente la mañana siguiente y llegaría a formar parte de aquel libro de escritores noveles.

Pasado el tiempo, repitió con la misma editorial y concurso; en este caso, el popurrí de narradores elegidos se tituló “Patrisita y otros relatos” y el relato con el que Gonzalo colaboró fue “Viernes”.

Fue entonces, cuando la propia editorial y la gente de su alrededor que había leído sus poemas y relatos hicieron la pregunta que él no esperaba:

¿Por qué no una novela?

Gonzalo, como no, la pensó durante un largo, larguísimo tiempo, hasta que, una fría tarde, mientras amargas palabras se ordenaban en un cuaderno regalado, adornado la imagen de Homer Simpson levantando con esfuerzo un enorme Donut, Víctor hizo acto de aparición.

Allí, mirando el mar desde unas rocas cerca del Puerto Viejo de Algorta, nació el que sería su primer libro, “Noviembre”.

Siete fueron los años empleados en su creación; siete años de comienzos, finales, subidas, bajadas y, sobre todo cambios, muchos cambios… y de todo tipo.

Finalmente, tras buscar y rebuscar, matizar y deshacer, anular y reescribir, “Noviembre” estaba listo para ver la luz.

Gracias a la recaudación de fondos de 50 compradores que pagaron un ejemplar meses antes de recibirlo, consiguió pagar la autoedición del libro. Sueño cumplido. Primer paso.

Pero, como bien dice la canción fetiche de este escritor “Every rose has its thorn (Toda rosa tiene su espina)” y, su padre, siempre presente en cada uno de sus grandes triunfos, no logró estar en este. Duro golpe que Gonzalo siempre palió con un hecho. Su padre fue el primero en disfrutar de “Noviembre”, ya que lo leyó en voz alta junto a él, antes de entregarlo definitivamente para su publicación.

La editorial elegida, LetraClara, entregó en Agosto de 2013 las primeras unidades, que se entregaron a sus dueños lo más rápidamente posible.

Las redes sociales, algo de lo que el autor siempre renegó, hicieron un trabajo inesperado para Gonzalo; a través de ellas, las buenas críticas no tardaron en llegar acompañadas de la demanda de más unidades por parte de personas que leían de aquellos que ya habían estado junto a Víctor, Andrea, Sam

Las siguientes remesas no tardaron en ser solicitadas a LetraClara y enviadas o llevadas en mano, tanto a los nuevos lectores como a las librerías (El Rincón de la Lectura y Librería Peman), que apostaron también por una novela a la que alguien se encargó de catalogar como “Mágica”.

Tres años después, tras 500 ejemplares vendidos, dos presentaciones oficiales y entrevistas en radio y prensa escrita, Gonzalo presentaba su segundo libro “Ayer”, repitiendo el mismo modus operandi de edición. Sorpresivamente, en este caso, la acogida y solicitud fue muchísimo más alta y, en lugar de 50, fueron 200 los lectores que apostaron por este nuevo trabajo, descrito por su asesora editorial como un relato cruel, sincero y áspero. Totalmente alejado y distinto a “Noviembre”, pero manteniendo un estilo narrativo propio.

De nuevo dos presentaciones; una en Astrabudua y otra en Madrid, ambas acompañadas de cantantes interpretando los temas de los dos libros del escritor, dejando clara la importancia de la música para este a la hora de crear.

Se repitieron y crecieron los apoyos vía internet, periódicos y radio, algunos en forma de entrevista, otros a modo reseña. “Ayer” se movió más rápidamente que su omnipresente hermano mayor y recibió criticas positivas; algunas resaltando la diferencia para con “Noviembre” sin abandonar el modo de escritura. Otras, haciendo especial hincapié en la angustia que era capaz de crear en el lector este relato, siendo esto último algo que realmente disfrutó Gonzalo, dado que, según él, era precisamente lo que quería transmitir a todo aquel que se adentrase, en esta ocasión, entre sus letras.

Hoy, completamente satisfecho del caminar de sus dos “pequeños de papel”, compagina sus tres “trabajos”, empleado en una empresa, escritor y padre (del que más orgullo y pasión siente), haciendo verdaderas cabriolas con los minutos que dura un día, robándole tiempo al descanso, para soñar como realmente le gusta hacerlo, a través de las historias que crea con la única compañía con la que su imaginación funciona a toda máquina, la música.

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