Las cenizas se amontonan cerca del prohibido lago salado

Figuras proscritas yacen con una sonrisa en la negrura de su adiós

A este lugar no llegan buenas noticias, no cae en gracia la sinceridad

El odio arremete sin piedad contra las rocas de la razón

… y ya nada importa, el tiempo pasa temeroso, huyendo de la realidad

 

La podredumbre conquista el silencio de tus hambrientos labios

Los sonidos de más allá de los sueños son acallados por la oscuridad

Muros ardientes, muros sinuosos, ocultos tras mil palabras

Nadie escucha, pero todos oyen; nadie observa, pero todos miran;

nadie aprende, pero todos saben; nadie entrega, pero todos dan

 

Risas estridentes, falsas, que esconden un tictac perpetuo,

clavan con sus misteriosas argollas a mis tobillos y ululan;

ululan lamentos demagogos para conseguir lo que atesoran

Crímenes imposibles en cárceles adosadas a la amistad

Gotas resentidas de lluvia inocente que no respetan la humildad

 

Y el fuego apaga todo sentimiento humano sin lucha

Los posos ignoran un futuro ansioso de luz añil

Duermen mis manos, mi alma y mis noches en tu recuerdo

Resucitan mis dudas reveladoras y claman por su hegemonía

Muere mi negra sangre deshonesta, se parte en dos pedazos mi corazón

… y ya nada importa, el tiempo pasa aterrorizado, cegado por tanto dolor

 

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