Lo oigo acercarse bajo la despótica luz del sol, buscándome, sigiloso

Camina lentamente, sin prisa alguna, entregado totalmente a sus perversos anhelos

Conoce mi paradero y en cualquier momento lo veré aparecer tras esa loma

con sus ojos vacíos clavados en la puerta de acero oxidado que me salvaguarda

del mundanal ruido y las escasas caléndulas que de ti me separan

 

Llega desde los ríos de lágrimas del pasado que fluyen cada noche antes de dormir

Viene de los acantilados de los silencios que no podemos respetar

Se aproxima con los sollozos de los menos afortunados, adornando sus cabellos

y ríe mientras las púas de la negación se clavan en sus horribles pies desnudos,

sabiéndose dueño y señor de mi, ineludible y por nadie envidiado, futuro

 

Esquiva las gotas de lluvia que los valientes lanzan sin remedio

Vocifera a los cuatro vientos los secretos que jamás debí pensar

Me separa de ti sin que yo lo quiera, suavemente, con pequeños bostezos

Es capaz de ocultarse entre tus sabanas y endulzar las peores pesadillas

Es embustero con la sinceridad navegando en su sucia boca llena y perdida

 

Y ahora dime, ¿cómo puedo vencer a un enemigo tan débil que me sonríe

mientras sus frases garabatean mariposas en mi corazón?

Dime, ¿cómo permitir que me ahogue en sus promesas cumplidas

si su nombre, una vez que se ha ido, tan sólo significa dolor?

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