Hubo un tiempo de sonrisas furtivas, guiños sin sentido, noches sin luna
Manos apartadas con el esfuerzo rebuscado en las palabras mudas
de aquellos que no querían sentir lo que no creían merecer
Las cataratas acallaron los gritos de los corazones hambrientos de cariño,
las grutas de los castillos cercanos parecían asustar las nuevas sensaciones
al ritmo de los cantos de una grullas retornando del pasado con canciones

Hubo un tiempo de luces y sombras en el que la luna escuchaba atentamente
entre las olas de un mar oscuro los lamentos rebeldes que no querían volar
Las dunas de un desierto de sal milenaria comenzaron un camino suave, dispersándose,
liberando lágrimas evaporadas por el crudo frío de un mes llamado Noviembre
Rosas florecieron en las montañas de nunca jamás, destronando un planeado final

Hubo un tiempo de guantes de acero, cotas de malla, yelmos oxidados,
que perecían cuando el alma hablaba impulsada por las runas que no existieron
Las agujas de un reloj muerto comenzaron a moverse, los temores se extraviaron
mientras las líneas dejaban de expresar lo oculto y gritaban en los lagos
El lobo tuerto volvía a ver, dejaba de cojear, reía a gusto con el alba
La violencia de las frases obligadas caía en barrancos de oro y se esfumaba

Hubo un tiempo de ceguera, que las caricias de una mirada marrón borró
Hubo un tiempo de agotamiento sin cansancio, que emigró sin decir adiós

 

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