Mientras tu indestructible Edén se hacía pedazos, yo caminé hacia un mar nocturno,

que vio partirse en dos este corazón muerto que poseo y una vez sin miedo latió

Tus ojos se llenaron de lágrimas luchadoras en una batalla perdida en soledad

y tu amado enemigo, dándote la espalda, con el arma más fuerte, la palabra, te derrotó

una tarde en la que mi tormenta advertía con su silencio que el frío tardaría en llegar

 

Y allí nos quedamos, separados por las dudas y los regresos, aguardando juntos

la llegada de tu sol, la sonrisa de mi luna, la señal inequívoca de nuestra unión

Y aún continuamos, cada uno en nuestro mundo, asustados, esperando unidos

tu pregunta sin valor, mi respuesta directa y sincera, el nacimiento del sendero sin dolor

 

¿No puedes sentir que este verano gélido y vacío puede terminar cuando queramos?

¿No puedes escuchar a los cuervos alejándose, graznando a modo de despedida esa canción?

¿No puedes contemplar desapareciendo la absurda necesidad que tenemos de pedir perdón?

 

Y aquí permanecemos, extraviados entre los retornos y los por qués, con los ojos cerrados,

sin más espinas clavadas que las de estas rosas azules que jamás necesitaremos

Y aquí seguimos, confundidos por la lluvia del ayer, cobijados bajo el arco iris,

que no ofrece esta felicidad tan al alcance de la mano y de la que ambos desconfiamos

Y aquí soñamos, deseosos de dar un paso para llenar nuestras almas heridas

con todos esos sentimientos que el inexistente destino siempre nos negó

y tanto ansiamos, anhelamos, pero no osamos pedir con un beso y su intenso calor

 

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