Plumas de pájaros futuros cubren la savia de tus celos

Manchas secas de sangre azul ensucian tu ventana

Imposible ver más allá de los sueños,

pues la verdad aguarda pacientemente hasta tu despertar

para, súbitamente, y a la luz del día, tus ilusiones aniquilar

 

No hay más ruido que el que tu impoluta conciencia emite

al salir a la calle y descubrir lo frustrante de tu vida

No hay más picores que los recibidos por los lunares de tu faz

por el tímido y fatal sol de una mañana de abril,

que se abre paso entre la gente, golpea y se esconde

para contemplar lo bien que asumes el verbo sufrir

 

Y las agujas caen incesantes sobre un cuerpo por la desgracia dañado

Arden en vasijas de falsa porcelana tus lamentos ignorados

La ceniza de la noche baña las llagas de una mano inocente

El odio se apodera de bocas descerebradas, helando sus palabras para el recuerdo,

que las conserva en su cámara de tesoros por nadie descubiertos

 

Llanto obligado tras la caída de la hoja podrida sin querer

Temor impedido por las heridas embrujadas carentes de cicatriz

Llanto oprimido al tacto de la insistente gota de limón

Deseos fingidos que sin permiso no podrán salir

Y un copo de nieve extraviado que busca consuelo sin hallarlo,

es devorado por las fauces de un animal que no existe,

en el centro de una oscuridad por nadie creada

y que sin embargo, persiste

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