Borracho de pena, sentado a la mesa del olvido, lleno de nuevo mi copa

con el amargo néctar de la despedida necesaria, mientras la noche pasa

Hoy será el último día que juegue con tus recuerdos, hoy te borraré de mi mente

y espantaré, poco a poco, tus suaves y cálidos besos que asesinan desde el ayer

mi maltrecho, castigado y débil corazón, antes que a mis ojos castigue el amanecer

 

Pasamos juntos por el portal de la lluvia, sujetos con fuerza de la mano

cuando el temporal amainó, tu necesidad de mis abrazos, de mi cariño sin final,

se fue evaporando, sin prisa, hasta que nuestro fuego se apagó

Mi mundo tembló y todo lo que significaba algo se disipó tras el arco iris

que una vez me mostraste con una ilusión hecha de espejismos que jamás existió

 

Ahora que las estrellas me observan, no puedo escribir nada vacío de tristeza

Ahora que el mar vuelve a consolar mi soledad llena de rosas adornadas de espinas,

no puedo plasmar nada en papel que no contenga lágrimas acalladas

El frío ha retrocedido, tu traición ha abierto la herida del miedo al dolor

No quiero volver a rodearme de sueños que puedan transformarse en pesadillas

No deseo caminar de nuevo sobre nubes, pues el terror a caer ha regresado

No anhelo escuchar, como ya he hecho, partirse mi alma otra vez en dos

Estés donde estés, estés con quien estés, te dedico este poema que será el definitivo

que inspire tu nombre, tu voz, tu risa, tu inmensa dulzura y tu perverso adiós,

mientras que, antes que salga el sol, termino de un trago con tu venenoso licor de amor

 

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