¿Cuántas veces habré sido iluminado en plena oscuridad por tu hermosa sonrisa?
¿Cuántas veces habré sido tranquilizado en medio de una horrible pesadilla diurna
por la suavidad sedosa de tu aterciopelada voz, susurrándome el oído?
¿Cuántas veces habré deseado uno de tus adorables e inimitables abrazos
cuando veo que no puedo seguir adelante, cuando veo que no lograré recuperarte?

Te dejé un atardecer de Febrero, acompañada de un adiós cobarde y lejano
Te aparté de mi vida sin más explicación que un falso ansia de libertad
que no sabía tener junto a ti, creyendo que llegaría a olvidarte sin más
Intente cerrar una puerta que siempre sería empujada por el viento de tu recuerdo,
intenté dar la espalda a todo aquello que acercase tu nombre a mi alma, y no fui capaz

Ahora, desde aquella infame decisión, me dedico a buscarte en otras mujeres,
pregunto a tu gente qué es de ti, nadie conoce la dirección que tomaste
Ojalá pudiese hablarte, para que mi mirada, en la que en tantas ocasiones te sumergiste,
te demostrase que no volví a soñar desde que tu melena caoba dejó de cubrirme
Ojalá pudiese hablarte, para que mi mirada, hoy casi apagada por completo,
te enseñase que no volví a respirar desde que tus besos dejaron de darme aire,
que mi noche no brilla desde que tú, mi adorada luna llena, te fuiste de ella,
que el mar que compartimos se seca con la sal de mis lágrimas internas de arrepentimiento
Ojalá pudiese hablarte, darte a conocer que perderte ha sido, es y será mi gran error,
que ya existe esa canción que un día te prometí, que me mata cuando suena y no está escrita por mí

 

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