La última noche que estuvimos juntos, tú y yo solos por aquella playa desconocida,

susurraste algo mirándome a los ojos que no supe, no pude o no quise entender

Mientras las grandes olas bañaban mis sueños imposibles y las tres estrellas fugaces

que contemplamos, iluminaban el mismo deseo cada vez que observaba ensimismado

desaparecer, ante mi sensible mirada, la armadura con la que te proteges de mí

desde aquella inolvidable tarde en la que, por suerte, te conocí

 

Llevo varias señales en mi mente que parecen guiarme hacia un hermoso tesoro,

que no es otro que tu alma herida, dañada con el mismo arma con la que asesinaron la mía

Llevo una luz intermitente grabada en mi corazón que parece querer decirme algo,

que parece tan claro, tan sincero, tan bello que perderlo me causa un descomunal temor

Poseo una cuestión que no quiero formular, que no quiero pronunciar y sólo soy capaz de escribir:

“¿Qué estás intentándome decir con tu sonrisa y esa inolvidable y dulce canción?”

 

Ahora busco en mi intimidad interior respuestas que no me den esperanzas vanas

Necesito volver a pasear por el vacío de mi espíritu y sentir que estoy preparado

para el momento en el que mi silencio se evapore sin darme un aviso

y mi estupidez fluya libremente, como lo hace el río de sensaciones a ti dedicado

que oculto y ocultaré tanto como mi cobardía me ayude, ojalá que para siempre,

pues el cariño y la ternura que hoy me entregas es una potente adicción

de la que no quiero renegar, y aunque me esté matando sin prisa, jamás te podré preguntar:

“¿Qué escondes tras esa inimitable sonrisa y la suavidad de tu sedosa canción?”

 

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