La lluvia golpea gentilmente la superficie de mi triste alma

Siento los suaves dedos de la noche acariciando mi pelo

La fachada construida con adobe se torna metacrilato

y entonces puedo contemplar la intensidad de un amanecer renegado

Al fin sé a ciencia cierta que estoy preparado

 

Quebrados símbolos ayer incomprensibles se presentan ante mí

Nada distraerá mi atención en estos segundos de sabiduría

Hundiendo mis manos en el frío, aprendo a creer en los posos del té

Mis ojos son obsequiados con cientos de imágenes retrospectivas

que hacen renacer lagunas secas, transformando mi ser

 

El futuro perece dolorido sin dedicarme alarido alguno

La tinta de tu cuerpo adorna el ritual sin sendero aparente

Vino, amargo vino blanco danza en un paladar obstruido

Los sonidos de bienaventuranza parecen haberse desintegrado

Al fin sé sin duda alguna que estoy preparado

 

Mueren las rosas perennes con las que fabricaba mis lazos

La tierra devora las pocas sensaciones supervivientes del adiós

Las razones dejan de importar en este jardín conocido en el que vago

Perdida toda ilusión, carece de sentido el martirio insípido

Después de ahogar mis pasos en la voraz página de sal,

rescataré el desierto oculto en una mirada que no sabe soñar

 

El influjo de la luna invade mi espíritu sin piedad,

tergiversa las palabras que alguien dijo bajo el mar

El viento divulga, traicionándote, los granos de arena de tus besos

Todo arde sin respeto en una hoguera que habías apagado

y entonces, descubro que ya estoy preparado

 

Cantad para mí, estrellas fugaces que caeréis

Entonad los ritmos olvidados de la libertad ensimismada

Clavad vuestras luces en la bondad de los famélicos de corazón,

evitando así que noten la falta de mi presencia a su lado,

evitando así el inútil derramamiento de falsas lágrimas,

pues mañana llevaré a cabo mi último viaje, ahora que estoy preparado

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